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Mediación familiar: Entrevista a D. Fermín Romero

 

CENTRO DE ORIENTACIÓN FAMILAR DE CANARIAS (C.O.F.)

ENTREVISTA A D. FERMÍN ROMERO NAVARRO

 

mediacion familiar
D. Fermín Romero Navarro es sacerdote de nuestra diócesis y fundador del Centro de Orientación Familiar de Canarias.

 

– ¿Quién es Fermín Romero?
Amigo Fernando. Me haces una pregunta un tanto comprometida. Hablar de uno mismo no es fácil. La dimensión subjetiva se desliza fácilmente. Sin más excusas, te respondo.

Soy hijo de una familia numerosa, de padres que me dejaron un patrimonio cultural y humano que sostiene mi yo con sentimiento de satisfacción personal, seguro de quien soy, sin tener que “pedir permiso” a nadie para estar presente en la vida, en la complejidad de la sociedad actual, y ofrecer mi cuota de responsabilidad. Mis padres viven en mi memoria. Como creyente y sacerdote que soy, quiero morir con las manos encallecidas. Me siento protagonista de mi historia con “camisa sudada”. Soy amante y defensor de los valores “sostenibles” que aporta una familia sana. Lucho por la salud de las familias, la sonrisa y el crecimiento armónico de los hijos y el noble esfuerzo de los padres. Apuesto por el buen “juego” de los “equipos” conyugales/parejas y de padres. Ellos son lugares “humanos” donde vive el amor, no exentos de conflictos, ciertamente; son también “escuela” donde se puede sacar “sobresaliente” en el aprendizaje de resolución de conflictos.

– ¿Cómo te surge la idea de ser Mediador?
Fue a raíz de un curso de mediación familiar que hice en la Universidad Pontificia de Salamanca, impartido por Liliana Perrone en el año 1996, quien pronto sería mi maestra en esta materia. En el año 1978 trabajé por la creación del Centro de Orientación Familiar de Canarias, del que soy su fundador y director. Pronto entendí que la mediación es un recurso extraordinario de enorme potencial social, capaz de responder a los problemas que venía tratando en el citado centro, y a algo que ya había sido objeto de mi tesina de Ciencias Políticas y Sociología, la conflictividad familiar.

A partir de estos acontecimientos y otros, comprendí, de forma más vivencial e intelectual, que el conflicto es una realidad inmanente a todo grupo humano, a toda estructura social; que la mediación no es una invención social de los últimos tiempos. La mediación pertenece al alma colectiva de los pueblos. Es una institución social básica, antes, por supuesto, de ser reconocida como institución jurídica. La mediación ha existido siempre, aunque más de forma invisible, al lado del “poder de la fuerza”, al que se ha acudido con más frecuencia como primer recurso. Hoy, la mediación está adquiriendo carta de “ciudadanía universal” y está pidiendo ser reconocida como primer recurso a utilizar ante el conflicto. La mediación nos humaniza. Aplicado a la familia, tiene muchas virtualidades. Entendí que la mediación es una forma excelente para amar, poniéndonos en el lugar del otro, y para entrenar a los hijos en los recursos para la resolución de conflictos. Sé que la mediación no siempre es la panacea, pero es una ventana por donde entra la luz y el aire fresco que traen los acuerdos. Ante el binomio “ganar o perder”, que “dualiza” el pensamiento y la actuación ante el conflicto, la mediación se nos presenta como el nuevo paradigma que dinamiza el “pensamiento alternativo” y, en consecuencia, revoluciona la forma de resolver el conflicto.

– ¿Recuerda su primera mediación?
Sí, me acuerdo perfectamente. Fue una mediación sobre un conflicto de abuelos que reclamaban a su yerno un tiempo de convivencia entre ellos y su nieto, huérfano de madre. Aun era reciente la muerte de su hija. Eran los momentos en que se anunciaban cambios en esta materia. Hoy no se pone en entredicho los derechos de los abuelos. Fue una mediación difícil y dura por la presencia de los diversos intereses y necesidades que se concitaban en la mesa del conflicto: la legitima autonomía e independencia que reivindicaba el yerno frente a los abuelos del niño, la influencia y cercanía afectiva que pudiera expresar y ejercer la nueva compañera del citado yerno en el niño de éste, lo que a su vez era comprendido por los abuelos como una substracción del amor de ellos, única forma de prolongar el amor que su madre no le podía dar. Fue una mediación que me enseñó mucho. Posiblemente no fue muy exitosa en el uso y aplicación de las herramientas. Estaba empezando. No se había avanzado en la comprensión del papel de las emociones y de los sentimientos, así como del manejo de los mismos en los escenarios de los conflictos familiares.

– ¿El mediador nace o se hace?
No es fácil responder a esta pregunta, pues hablar del “nacer” del mediador, tendríamos que referirnos a unas predisposiciones un tanto congénitas, una especie de “vocación”. Yo no excluyo que el mediador tenga algunas predisposiciones para tal oficio, una cierta vocación, pero ello no termina aquí. El mediador también se hace. Se hace principalmente con el estudio de aquellas disciplinas que nos acercan a la materia esencial de la mediación, como son entre otras, la conflictología, los métodos y técnicas de resolución de conflictos, las condiciones sociales- estructurales y psicológicas de los sujetos que están en conflicto y acuden a la mediación, los acuerdos en cuanto entidad e institución social, que lo son también. (Estudiamos más la entidad compleja del conflicto y no tanto la el acuerdo como entidad singular, de naturaleza antropológica y psicosocial, sus dinámicas y sus leyes). Quizá, ha llegado la hora de poner la lupa del estudio científico sobre el acuerdo, dimensión que damos por sabida y estudiada. Es decir, a la mediación se entra por el conflicto y se sale por los acuerdos, se pasa por las personas y se llega al tejido social. Es importante esta visión holística, sin la cual no se dará la necesaria interdisciplinariedad de las materias que se concitan en estos estudios, como la psicología, el derecho, la sociología, la antropología, etc.

Además, el mediador se hace también mediante la práctica, como sucede en toda profesión. Una práctica que ha de estar acompañada y/o supervisada por otro mediador avezado, al menos al principio. Además, una buena práctica, en el campo de la mediación, requiere que sea auto-reflexionada, lo que supone en el mediador un alto grado de introspección, puesto que cuanto más se conoce uno a sí mismo, mejor puede conocer a los demás. Los mediadores, como cualquier otro profesional, usamos nuestras lentes de percepción y proyección para percibir, elaborar y trabajar sobre aquellas condiciones del conflicto, que presentan las partes en litigio, incluidas las propias condiciones del mediador. Todo ello pasa a nuestra recámara interior, lo procesamos y lo devolvemos en nuestras intervenciones como mediador. Si el mediador no se entrena en la propia introspección, corre el riego de subjetivar su labor profesional. En tal supuesto, no sería mediador sino una parte representativa de una de las partes en conflicto.

– ¿Qué le ayuda más en la Mediación , su condición de cura o de Sociólogo?
El sociólogo no está pensado para intervenir profesionalmente en la transformación de la realidad social. Ni aun así sucedió en la etapa del nacimiento de la sociología con A. Comte, quien definía a los sociólogos como los nuevos “sacerdotes” de la naciente y convulsa sociedad industrial. La sociología como ciencia cubre tres estadios: estudiar y describir cómo se presenta la sociedad, sus cambios y fenómenos sociales, explicarlos y hacer las adecuadas y fundamentadas prospectivas sociales. Comte decía “prever para proveer”. Ver científicamente la realidad social para prever y proveer. Es esta una tarea preciosa, muy útil y muy necesaria que debe estar al servicio de los interventores y operadores sociales, políticos, líderes religiosos, sacerdotes, empresarios y así un largo etcétera. La sociología ofrece unos “ojos científicos” para adentrarnos en el interior del tejido social, en lo que comúnmente llamamos estructura social.

Los aspectos indicados han sido un gran aporte en mi trabajo como sacerdote y como mediador. Entender a la familia tanto como micro-grupo social y las leyes que le son propias, y a la vez como institución social básica; entender la interacción dialéctica ente la familia y la sociedad, los cambios a los que se ve sometida la familia, el peso demográfico que ella supone para la estructura social; comprender el conflicto como elemento estructurante de las relaciones sociales, económicas y políticas etc., son todos ellos un gran aporte para contextualizar y entender el conflicto como esa realidad “micro”, que se nos presenta en la mediación.

Mi dimensión como sacerdote me aporta una llamada constante a “mirar con los ojos de los otros” para poder respetar, comprender, realizar la adecuada empatía (“con-padecer”) y saber “preguntar”, sin que ello suponga “pretendidas respuestas”. (Las técnicas de las preguntas son muy respetuosas; son herramientas válidas en el trabajo del mediador). En fín, conocer y respetar al ser humano en el escenario del conflicto, sintiendo con el, sin necesidad de “consentir” con el. En definitiva, no tengo conflictos entre ambas dimensiones, sacerdote y sociólogo, todo lo contrario.

– ¿Qué se hace desde el Gobierno de Canarias por la Mediación?
No me toca “echar flores” al Gobierno de Canarias. No obstante, siendo objetivo, sí puedo decir lo siguiente: El Gobierno de Canarias no ha hecho muchas cosas por el acercamiento más inmediato de la mediación a los ciudadanos, pero sí tiene en su haber un elenco de actuaciones muy importantes, que han facilitado a la mediación familiar en una primera etapa, como han sido las siguientes: una primera ley de mediación del año 2003, que fue modificada en el año 2005, a la que desde el Centro de Orientación Familiar de Canarias, COF, pudimos hacer muchas aportaciones, y ello sin que previamente se pusiera en práctica la primera ley, lo que supone una apuesta clara y firme por la mediación familiar; el Decreto del Reglamento de dicha ley, el apoyo al Primer Congreso Internacional de Mediación, que organizó y lideró el COF en el 2003; las subvenciones a los cursos universitarios de posgrado y del master de mediación, mientras fui director durante siete ediciones; la puesta en marcha del Registro de Mediadores y de la Mediación Intrajudicial; otras jornadas de estudio promovidas o apoyadas y, últimamente, la puesta en marcha del llamado Espacio Común de Mediación.

Una asignatura pendiente del Gobierno de Canarias en esta materia es la referida al apoyo y a la promoción de aquellos planes y/o actividades encaminados a acercar al ciudadano al conocimiento y utilización de la mediación en cuanto recurso social de la comunidad.

Para dar cumplimiento a esta asignatura pendiente, se precisa considerar a la mediación como un recurso de gran alcance para la educación en la paz. La mediaicón es vertebradora de un nuevo modelo de relaciones sociales. En tal sentido, hay que colocar a la mediación en el lugar científico que le corresponde. Si no fuera así, se corre el riesgo de caer en una “miopía” de carácter cultural-educativa y socio-política. La mediación no es un sucedáneo o “instrumento” al servicio de la organización y de la actividad judicial, sobrecargada de asuntos que se largan en el tiempo. No se excluye la aportación que al respecto hace la mediación. Todo lo contrario. Pero la mediación, en cuanto método científico de resolución de conflictos, tiene su propio baseamiento científico, su propia epistemología. La mediación no es una “ancila” del Derecho. Se construye y se forja en un saber interdisciplinario, ciertamente aún en construcción, y no en una yuxtaposición de disciplinas afines.

En consecuencia con el sentido indicado, que ha de estar imbuido de una “mirada para un largo recorrido”, falta toda una pedagogía social, debidamente orientada a superar viejos esquemas, muy interiorizados en el inconsciente colectivo, debido a los cuales, lo primero que se hace ante un conflicto es “tocar en las puertas” de “la razón del poder”, antes que tocar en las “puertas del poder de la razón”. Y la razón, a modo de poliédrico, está repartida.

Se viene deslizando sobre la mediación una cierta “patrimonialización” por parte de algunas disciplinas señeras en el saber de la Ley o sobre otra dimensión del ser humano, afectada por el conflicto. Se puede trabajar por un cambio de métodos ante los problemas de la comunidad, (aunque permaneciendo en el mismo sitio), y no trabajar por un cambio de paradigma social.

Debemos ser críticos y no caer en la trampa de la “miopía social”. Los cambios de paradigmas van más allá de lo ya dado socialmente. La política que se arbitrara a favor de la mediación en los aspectos divulgativos, formativos, educativos, jurídicos y sociales debe estar fundamentada en paradigmas con consistencia científica y no ideológica.

– ¿Por qué no se conoce la Mediación en la Sociedad?
Me preguntas por qué no se conoce la mediación. Creo que la respuesta a esta pregunta está incluida en la que ya dí a la pregunta anterior. No obstante, sí quiero decir tres cosas. Primero: creo que la mediación no se conoce porque no se pone al servicio del conocimiento y divulgación de la misma los medios de influencia extraordinaria que tenemos para llegar a la conciencia colectiva, como pudieran ser los medios de comunicación social, y en especial la TV. No se contraen ni se invierten partidas económicas, orientadas a estos fines. Segundo: estamos ante una paradoja no resuelta: se prepara y surge un buen número de mediadores, pero aun no son demandados por la ciudadanía, cuando, paradójicamente, existe una demanda potencial inmensa, de carácter extraordinario, que no se traduce en una demanda efectiva, que solicite o reclame la mediación. Tercero: con adecuada pedagogía, hay que llevar la mediación al mundo de lo cotidiano, al mundo de las “trivialidades” de la vida social, donde “se cuecen las habas”, como tu Fernando estás haciendo a través de tu página web. Con gracia, con salero, sin desposeer de los fundamentos que acompañan a la mediación, la estás llevando a una realidad tan cotidiana como es la cocina, la mesa del comedor. Los acuerdos se hacen o se cierran con una comida.

– ¿Qué significa el Centro de Orientación Familiar para ti?
Se me hace difícil sintetizar treinta y cinco años de historia. Diría lo siguiente a grandes trazos.

Si el Centro de Orientación Familiar de Canarias, COF, no existiera, habría que inventarlo. Es una Fundación si ánimo de lucro. Es una institución social a modo de recurso social, de inspiración humanista-cristiana, al servicio y al alcance de las familias en Canarias, sobre todo las más desasistidas social y culturalmente. Cuando el amor del matrimonio/pareja o de la familia está herido, o se ha “equivocado” de camino, o cuando las relaciones familiares o las vinculaciones, que estructuran dichas relaciones, pasan por situaciones conflictivas o disfuncionales y no se encausan, ni se orientan, ni se sanan o ni se adecuan a una nueva adaptación más saludable para el individuo o para el núcleo familiar, producen siempre efectos nocivos de carácter personal y social de largo recorrido, que luego requerirán de un elenco grande de expertos en la materia con alto coste social.

La labor que realiza el COF aborda una materia, la conflictividad conyugal y familiar, que de por sí es intrincada, compleja y de etiología múltiple y diversa. Se necesita de una preparación especial de carácter holístico y de un tacto u ojo clínico, arropado, cuidado y confrontado por la interdisciplinariedad. Es un trabajo que se inserta en una especie de “invisibilidad social”, en cuanto que el trabajo por la familia no “vende políticamente”, más bien queda en lo oculto. Es un trabajo que no es tan llamativo como pudiera ser el trabajo por otras causas sociales. No obstante, creo que cada vez se valora más a la familia como el primer recurso con el que cuenta el ser humano y las sociedades para lograr un desarrollo saludable, sostenible e integrador. La familia ocupa ya un lugar central en las ciencias psicosociales. Ha dejado de ser una “maría”.

A lo largo de los 35 años de historia que ya tiene el Cof, ha tratado a algo más de 30.000 familias. Se entiende por tratamiento aquel proceso mínimo de orientación, asistencia o terapia, de carácter diverso según el caso, de no menos de cuatro a seis entrevistas como media por los profesionales, lo que se traduce en la atención a una población de algo más de 190.000 personas, entendiendo que a la asistencia a dicho tratamiento acuden los miembros de la unidad familiar en las sucesivas entrevistas. En los últimos años, los años de la crisis, la población de familias demandantes ha aumentado considerablemente. En cada uno de los últimos años estamos tratando algo más de 1500 familias, cantidad muy significativa, dado los recursos limitados con los que contamos.

Esta labor ha sido posible gracias al trabajo de un magnífico equipo de dieciséis profesionales de carácter diverso, muy motivado socialmente y muy bien preparado.

A la labor descrita muy sintéticamente, hay que añadir toda la otra labor de carácter preventivo, formativo y educativo que hemos realizado a distintos niveles y poblaciones, desde talleres para padres y menores, a profesionales de diversas disciplinas, desde conferencias, semanas culturales a seminarios, simposios, jornadas científicas, congresos e investigaciones.

Ante este sintético panorama, puedo decir con satisfacción que, a lo largo de todos estos años de servicio en pro de las familias, ni un solo día hemos cerrado el Centro. Considero que la Providencia de Dios nos ha acompañado. Todo ha sido impulsado e iluminado por El. A pesar de nuestras limitaciones, fallos y errores nos hemos sentido alentados por la presencia de Dios. Dios es amor. Dios no hace “bulla”. Más bien, “se pone de rodillas y lava los pies”. Toda esta inspiración y fuerza sostiene nuestro trabajo.

(Entrevista publicada en el mes de enero de 2014 en
http://circulodemediacion.com/la-entrevista/ )

Más información: 
– www.fundacioncof.org/

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